Pajaritos involucrados en la melodía de mis mañanas
calurosas de junio y las cuerdas viejas de una guitarra
me sugieren involucrarme en la profundidad de sus caricias auditivas.
Me levante temprano, porque entendí que cada segundo de vida es justo saborearlo.
La combinación de mis pensamientos en ella y la música de la naturaleza
me hacen entender la conexión que existe entre el amor y sus melodías.
Ella hace que cada día se escriban palabras que jamas se habían escrito
y obliga a que mis mañanas tengan el sabor de sus besos tatuado en mis percepciones.
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